Recuerdo el día en que abrí mi primera web. Yo, con mucha ilusión, respiré tranquila pensando que a partir de ese momento me iba a ser mucho más fácil conseguir clientes. Pero no, resultó que tenía una web sin apenas visitas y que las pocas visitas que tenía no mostraban interés alguno en mis servicios.

Vaya chasco.

Estaba claro que algo estaba fallando. Así que me puse a investigar y empecé a formarme sobre el mundo online. Y descubrí 3 factores claves para conseguir clientes a través una web.

Factor 1: Necesitas visitas

Cuando uno abre una web google no le hace ni caso, sólo recibia visitas a través de las redes sociales cuando compartía un artículo en mi blog. Un montón de tiempo invertido en un artículo para tener unas pocas visitas y ya.

Así que prácticamente era como tener un negocio abierto en el desierto, existía pero nadie llegaba a él.

En este punto hay dos opciones: trabajar el SEO (posicionamiento en google) o bien invertir en publicidad para atraer visitas a mi web.

El SEO dió resultados al cabo de unos 6-8 meses de haberlo trabajado. Así que de mientras también invertí en publicidad, en mi caso a través de facebook para aumentar visitas. Y es que algo está claro, para que alguien compre primero tiene que llegar a ti. Y como en todo negocio el marketing es importante e imprescindible para hacerte ver.

No tiene sentido invertir en una web que no sirva para atraer clientes, de lo contrario lo único que tendrás será una tarjeta de visita cara que casi nadie visitará.

Así que lo primero que te recomiendo es que inviertas en publicidad online. Depende del tipo de negocio será mejor invertir en publicidad en google, para otros será mejor en facebook, y para otros quizá otra red social, pero hay que moverlo.

Factor 2: Lo que dices en tu web

En una web ves imágenes y texto escrito. Quizá algún vídeo, pero ya. Saber dirigirte a tu cliente potencial es básico si quieres conectar con esa persona.

Me quedo asombrada de la cantidad de webs que no le hablan a su cliente potencial.

Uno busca en internet porque tiene un problema que solucionar y tu misión debe ser transmitirle “entiendo tu problema y tengo estas soluciones para ti”. Pero resulta que en lugar de esto muchas webs se ponen a hablar de cosas que a los clientes nos importan tres pepinos. Que si somos líderes en el sector, los años que llevamos en el negocio o lo que es peor, conceptos técnicos que sólo van a entender la personas entendidas en el tema que resulta que no te necesitan porque ya saben sus soluciones.

Otro problema común es no saber vender el beneficio que tu producto o servicio aporta. Somos seres emocionales, no racionales como nos han hecho creer.

→ Uno no compra un sofá, lo que realmente compra es comodidad, descanso, bienestar, relajación.

→ No compramos clases de yoga, compramos espaldas más flexibles, conectar con uno mismo, reducir dolores y contracturas.

→ Y no compramos terapias psicológicas, compramos sentirnos bien, alejarnos del dolor, ser más felices, vivir sin ansiedad o tener relaciones de pareja satisfactorias.

Es precisamente estos beneficios los que muchas veces no se resaltan y en lugar de eso se lía al usuario con conceptos que no entiende o que bien no conectan con lo que realmente está buscando.

Las imágenes son otro factor importante. Nada como una mala imagen para arruinar una visita a tu web. Compramos por los ojos, sea lo que sea que vendas procura que tus imágenes sean de calidad y den ganas de comprar tu producto o servicio, de lo contrario es mejor no tenerlas.

Factor 3: Estructuras web mal diseñadas

Una buena web debe tener una buena estructura. El usuario debe poder encontrar lo que busca de manera fácil y tú debes dirigirlo como si de una casa se tratara, guiándolo de un espacio al otro de tu web en lo que debe ser un recorrido breve.

En este punto existen dos tipos de webs:

Las primeras son las que yo llamo “web bazar”, entras ahí y tienes tantas opciones, tantos botones, tantos colores y tanta cosa que sólo tomarte el tiempo en decidir qué hacer da pereza. No se recomienda para nada dar tantas opciones en una sola página, así el usuario sólo se lía y termina por dar una vuelta rápida e irse.

Las segundas son las webs con “estructura IKEA”, en las que es realmente difícil seguir un orden de visita, parecen un laberinto en el que es una auténtica misión encontrar aquello que te interesa. Vas haciendo clicks por aquí y por allá sin aclararte, uno se estresa y se va sin más.

Lo ideal es tener claro qué 3 o 4 acciones te interesa que haga el usuario y ponérselo muy fácil.